Aquí, allí y en todas partes: Entre tonos de gris

domingo, 15 de septiembre de 2013

Entre tonos de gris




Entre tonos de gris de: Ruta Sepetys
Título original: Between Shades of Gray
Publicación: Marzo 2011

Os recomiendo que cojáis buen asiento y una mantita si veis que refresca, porque si pensáis que este libro podéis leerlo en una cafetería tan ricamente, espero que no os importe que en más de una ocasión la gente de vuestro alrededor os vea emocionaros o soltar juramentos no muy bien vistos por esta sociedad. Una vez hecha la advertencia, ¡allá voy!

Entre tonos de gris es una novela que engancha desde el primer Me, hasta Kaunas y es que cuando te quieres dar cuenta dices – ¡Ah!, pero ¿ya está? 

Un emotivo viaje de 288 páginas, en el que si estamos más que acostumbrado a la lectura sobre el nazismo de Hitler y todas sus atrocidades, entre tonos de gris nos muestra el mismo lado de la balanza pero trasladándonos a Letonia, durante el gobierno de Stalin. Un país que sufrió las desgracias de la dictadura tanto como en Alemania, perdiendo a la tercera parte de su población. Y a pesar de que sus personajes son ficticios, la autora, hace un verdadero trabajo de investigación para ser lo más fiel posible a lo sucedido en aquella espeluznante época. 

Así es como el 14 de junio de 1941, conocemos a Lina, la protagonista, una chica de 15 años apasionada de Munch, como no podría ser de otro modo en esta época, que sueña con ingresar en una prestigiosa escuela de arte.

Lina vive con su familia en una casa acomodada, hasta que cierta noche, se ven obligados a abandonarla en escasos minutos por los agentes del KGB (agencia de inteligencia y principal policía secreta de la Unión Soviética desde el 54 hasta el 91). 

La chica junto con su hermano pequeño de 11 años y su madre, no son conscientes, al subir a aquel camión que los transportará “sabe Dios dónde”, que comienzan un terrorífico viaje que durará más de 10 años. 

Los sueños, la inocencia, se ven truncados al subir al vagón donde los tratan como ganado, la muerte, las enfermedades, la impotencia y la desesperación son algunos de los acompañantes de este largo viaje, en el que conoceremos más profundamente a los personajes. Conocemos la bondad de Elena, la madre, la que siempre ve el lado positivo de las cosas, la que comparte la poca comida que ha conseguido meter en su maleta con el atestado vagón para que nadie pase hambre, ya que tan solo un cubo de agua y “mejunje”, como ellos llaman, es el alimento que les proporcionan diariamente. Conocemos a Jonas, el hermano pequeño, tan inocente y bueno, que se ve obligado a madurar a la fuerza cuando ve como tiran a los niños muertos sin piedad a la vía del tren. Conocemos a personajes secundarios que permanecerán unidos casi hasta el fin de las páginas, como unos se ayudan a los otros, porque si algo no les pueden arrancar esa es la bondad y el cariño, la familiaridad y las ganas de vivir, es lo único que les queda de sus vidas pasadas y a lo que se aferrarán hasta el fin de sus días.

Vemos como Lina echa manos de su arte, para encontrar a su padre que desde que salieron de casa ese 14 de junio no ha vuelto a ver, como lo utiliza también para desahogarse y como sus dibujos serán una de las pruebas más fidedignas y emotivas que muestran el horror de aquella guerra que parece no tener fin. 

Después del viaje en aquel atronador vagón en el dejaron atrás a muchos de sus compañeros, llegan a un campo de trabajo de remolachas en Siberia donde los obligan a trabajar un número de horas inhumanas para ganarse un mendrugo de pan y muchas enfermedades, como la plaga de piojos, el escorbuto o el tifus. 

Si llegamos a este punto pensando que estos hombres no tienen piedad, no les queda nada, porque después de un año trabajando a sol y sombra, a alguno de ellos, entre estos a los protagonistas, los vuelven a trasladar hasta el más frío y oscuro lugar que ocupa la tierra, el círculo polar ártico, donde pasarán el resto de sus días hasta el fin de esta apabullante dictadura. 

Una desgarradora historia que te hará contener las lágrimas en más de una ocasión, la forma de narrar, de describir de la autora, hace que te resulte sorprendentemente fácil trasladarte al lugar de los hechos. Un libro que si bien se ve todas las escalas cromáticas de gris, nunca llega a tornarse negro para los protagonistas, pues la esperanza y el querer vivir, será lo que los mantendrá con vida. Una historia, además, que ha conseguido que corra a por mis libros de historia. 

Pero si bien tengo que poner alguna pega a este libro, es el final, el que me dio la sensación, que fue demasiado rápido, no sé si por la facilidad de la lectura en el que se me pasó volando el tiempo, la historia, o porque realmente me esperaba un final diferente, sí quizás me esperase unas cuantas líneas más con un final un tanto más largo. Pero sin lugar a dudas, es un libro que recomiendo encarecidamente si tenéis como objetivo conocer de una forma más humana, las atrocidades provocadas por una persona que nunca tuvo que haber nacido.

Y si todavía estáis así, así podéis leer el primer capítulo aquí.

Para ampliar horizontes, os ofrezco un documental sobre el Estalinismo que he encontrado y no está nada mal, espero que os interese.

                                          



¡Qué tengáis un muy buen Domingo!




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